Historia

En 1926, procedente de Madrid y como socio del reconocido y reputado restaurante Lhardy, llega a Segovia Frutos García Martín, instalándose a la sombra de la Catedral de Segovia, en un local de la Plaza Mayor bajo el nombre “El Alcázar, Confitería Bombonería”. Enseguida queda prendado de la ciudad, y tal y como escribe en uno de sus diarios de confitería (1926), manifiesta: «Quiero crear un producto de confitería de tal calidad y exquisitez que sea identificado con la confitería de mi propiedad el Alcázar, y, como tal, de Segovia». Así es como nace el Ponche Segoviano®, que desde el principio comienza a ganar gran fama y distinción por su delicada fórmula que satisficiera los paladares más exigentes.
El Palacio Real de La Granja de San Ildefonso se había convertido en lugar de recreo de la dinastía Borbón y de toda la nobleza sita en Madrid por aquel entonces, que iban acompañando al rey y cuyas despensas se abastecían en la ciudad de Segovia. Don Frutos hace un presente del dulce al monarca, y no tarda en recibir cartas remitidas por la casa de SS.MM. los Reyes Don Alfonso XIII y Doña Victoria Eugenia, en las que la casa de S.M. el Rey expresa su agradecimiento al ser obsequiados con el Ponche Segoviano el Alcázar, e instando también a Don Frutos a presentar el producto, dada su exquisitez, en la Exposición Universal de Barcelona de 1929, donde, tras exhibirlo, obtiene la primera medalla de oro. De este modo la Confitería comenzó su actividad, ofreciendo un amplio surtido de productos muy bien recibidos por el público y que gozaban de gran popularidad:



«El Alcázar»
Estamos en Segovia, en la Plaza Mayor
a la izquierda, subiendo por la calle Real,
hay una tienda alegre, limpia y señorial
que se llama «El Alcázar». Su dueño es gran señor,
y me ruega le pinte, ¡quién fuera un gran pintor!
Penetro por la puerta, gorgean los canarios
en sus jaulas chinescas ópulos cantarines;
rodean a la tienda San Cebrián, Los Templaros,
El Parral -la campana nos convoca a maitines-,
de San Andrés, el arco; la Fuencisla, el reducto
de la espléndida Roma, el eterno acueducto
y en medio el mostrador, con urnas de cristal.
Todo lo que pudiera soñar un gran goloso
encerrado se encuentra entre los anaqueles,
ponches, bombones, mazapanes, yemas, frutas, pasteles,
desde el bollito humilde hasta el dulce costoso,
de la tienda a los lados, en el muro adosadas,
encierran mil primores las mágicas vitrinas,
lindas cajas de laca, perritos, bailarinas,
regalos de galanes a sus enamoradas.
En el cielo, de dulce brillan ante el astrónomo
almendrines del nombre del Patrón de Segovia,
las yemas «El Alcázar», manjares de gastrónomo
alimento de Dioses, en sus trajes de plata
esperan impacientes a que se las demande;
es un placer inmenso el gustarlas, ¡tan grande!,
que el goloso las cita como cosa grata.

“Comienza a bullir la tienda:
¡Medio kilo de bombones! ¡A mi deme usted turrones!
¡Don Frutos, no hay quien me atienda!
¡Cien gramos de peladillas!¡Oiga!, póngame un bizcocho;
¡Deprisa!, que son las ocho.
¡Estarse quietas, chiquillas!
Que vengo echando los bofes.
¡Pasteles! De todo un poco.
¡A ver! Mis yemas de coco.
¿Señora, tiene usted tofes?
El hilo de los carretes
se mueve en continua danza,
de un lado a otro oscila rápida
la aguja de la balanza;
Se apilan sobre la lápida
del mostrador los paquetes.
No hay confitería
tan buena, tan refinada,
tan bella, tan acabada
y de tanta nombradía ,
cual la de Frutos García.
¡Que mi palabra encendida
sea un homenaje a aquél
que nos fabrica la miel
para endulzarnos la hiel
que nos depara la vida!.«

J.M.A

A lo largo de los años, Don Frutos mantuvo una incansable labor en pro de la industria de la confitería de España, por lo que le fue concedida la Medalla de Oro del Gremio de Confiterías en 1963.

Desde aquellos años la empresa no ha parado su actividad, ofreciendo los dulces que Don Frutos creó en su día. La evolución ha venido de la mano del público que demanda este producto, y su elaboración siempre avalada por una materia prima de la más alta calidad y las manos de los artesanos invariables de la familia que elaboran el producto.